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EL CORCHO: lo que nunca te contaron.

  • Foto del escritor: poroto
    poroto
  • 8 may
  • 2 Min. de lectura

Antes de que el vidrio, el plástico o el aluminio existieran, alguien tuvo que resolver uno de los grandes problemas de la humanidad: ¿cómo conservar el vino sin que se arruine? La respuesta llegó desde los alcornoques del Mediterráneo, y lleva más de dos mil años haciéndonos compañía en cada botella.

El corcho natural viene de la corteza del alcornoque (Quercus suber), un árbol que crece principalmente en Portugal, España y el norte de África. Lo fascinante es que la corteza se pela sin matar el árbol, y este la regenera cada nueve o diez años. Portugal hoy produce más del 50% del corcho mundial, convirtiéndolo en uno de los materiales más sostenibles que existen.

Los griegos y romanos ya usaban corcho para sellar ánforas, pero fue recién en el siglo XVII, con el auge de las botellas de vidrio y el trabajo del monje benedictino Dom Pérignon, que el tapón de corcho se consolidó como el cierre ideal para el vino. Desde entonces, pocas cosas han cambiado tanto y a la vez tan poco en el mundo de la bebida.



¿Para qué sirve exactamente? El corcho es poroso de manera microscópica, lo que permite un intercambio mínimo de oxígeno entre el vino y el exterior. Eso no es un defecto: es lo que permite que los vinos de guarda evolucionen lentamente dentro de la botella, desarrollando aromas y complejidad con los años. Demasiado oxígeno oxida el vino; muy poco lo encierra sin dejar respirar. El corcho logra ese equilibrio casi milagroso.

En cuanto a duración, un tapón de corcho natural de calidad puede sellarse perfectamente entre 15 y 25 años. Por eso los grandes vinos de colección, los Bordeaux, los Barolo, los Riojas de reserva, siguen confiando en él. Después de ese período, se recomienda resembotillar el vino con un corcho nuevo si se quiere seguir añejando.



Ahora las curiosidades, que son las que más gustan:

¿sabías que la botella de vino debe guardarse acostada precisamente para que el líquido mantenga húmedo el corcho y este no se seque ni se contraiga?

¿O que el famoso “sabor a corcho” (bouchonné en francés) no viene del corcho en sí, sino de un compuesto llamado TCA, producido por hongos que pueden contaminar la madera? Se calcula que entre el 3 y el 5% de los vinos sellados con corcho natural sufren este defecto. Por eso surgieron las alternativas: el corcho sintético, el tapón de rosca y el tapón de vidrio.

Y sin embargo, el corcho natural sigue siendo el preferido para los vinos de calidad y largo envejecimiento. Hay algo en él que va más allá de la funcionalidad: es rituálico, es sensorial, es el sonido de una botella abriéndose y el inicio de algo que vale la pena.




 
 
 

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